Programa Moser String Quartet

Joseph Haydn (1732- 1809)

Cuarteto Op. 33, no. 3 en Do Mayor El pájaro
I. Allegro moderato
II. Scherzo: Allegretto
III.Adagio ma non troppo
IV. Finale: Rondo presto

Anton Webern (1883- 1945)

5 piezas para cuarteto de cuerda
I. Heftig bewegt
II. Sehr langsam
III. Sehr bewegt
IV. Sehr langsam
V. In zarter Bewegung

(Pausa: 5 minutos)

Maurice Ravel (1875- 1937)

Cuarteto en Fa Mayor
I. Allegro moderato. Très doux
II. Assez vif. Très rythmé
III. Très lent
IV. Vif et agité

NOTAS AL PROGRAMA

Tres miradas sobre lo fugaz

 Hay algo en común entre estas tres obras, separadas por más de un siglo, que no se percibe a primera vista: las tres intentan capturar aquello que, por naturaleza, se escapa. Un gesto, una sensación, un instante. No se trata de describir el mundo, sino de rozarlo apenas, de percibirlo antes de que desaparezca.

Desde el clasicismo de Joseph Haydn, pasando por la condensación extrema de Anton Webern, hasta el refinamiento sensorial de Maurice Ravel, el cuarteto de cuerda se convierte aquí en un espacio de exploración de lo efímero: tres maneras distintas de atrapar lo efímero.

El instante como juego – Cuarteto de cuerda Op. 33 n.º 3 El pájaro

Haydn no busca pintar un ave de forma literal, sino sugerir su presencia a través de pequeños gestos musicales: trinos, saltos, figuras ligeras que aparecen y desaparecen con rapidez. Lo efímero aquí tiene un carácter lúdico. Los motivos no se fijan: pasan, se transforman, se interrumpen. Como un pájaro que cruza el cielo, lo que escuchamos no es una imagen estable, sino un momento fugaz, captado casi por accidente. La música no se detiene y en ese movimiento constante reside su encanto.

El instante como esencia – 5 Piezas para cuarteto de cuerda Op. 5

Más de un siglo después, Webern lleva esta idea al extremo. En sus 5 piezas, la música se reduce a lo esencial: sonidos aislados, silencios, fragmentos brevísimos. Ya no hay desarrollo en el sentido tradicional, sino una sucesión de instantes intensamente concentrados. Cada gesto es único y no se repite; cada sonido aparece como un destello y se extingue. Aquí, lo efímero no es un efecto, sino la materia misma de la música.

Escuchar esta obra es entrar en un espacio donde el tiempo parece suspendido y donde cada sonido, por mínimo que sea, adquiere un peso casi absoluto.

El instante como atmósfera – Cuarteto de cuerda en Fa Mayor

El cuarteto de Ravel ofrece una tercera perspectiva. Aquí, lo efímero no se manifiesta como un gesto aislado ni como un juego, sino como una atmósfera en constante transformación. Los colores armónicos, las texturas y los timbres crean una sensación de fluidez constante.

Ravel construye paisajes sonoros que cambian sutilmente, como si de un cuadro impresionista se tratara: una luz que se desplaza, una vibración que se modifica imperceptiblemente… la música no se detiene en un punto, sino que se desliza de uno a otro. Lo inaprensible se vuelve aquí sensorial: no algo que se ve o se señala, sino algo que se percibe y se desvanece.

Tres obras, tres lenguajes, tres momentos en la historia de la música, tres maneras de escuchar el instante antes de que desaparezca. Y, sin embargo, una misma intuición: que la música puede acercarse a aquello que no puede retenerse del todo. Y precisamente ahí reside su belleza.

Moser String Quartet