A LA ESENCIA

Manuel de Falla compuso ‘El Amor Brujo’ inspirándose en leyendas y viejos aires gitanos que Pastora Imperio coleccionaba junto a su madre, recreando de manera inigualable la esencia de la música andaluza a través de sus diferentes palos: seguiriyas, soleares, polos, martinetes o zambras… e incorporando el espíritu de los mismos a su lenguaje compositivo. La interpretación de Manuel de Falla por un ensemble barroco puede sorprender a priori a más de uno; pero, si tenemos en cuenta los fines estéticos del propio Falla, nada debería sorprender. Compartir la admiración que tenía Falla por el cante andaluz, o el entonces emergente cante flamenco, refrenda sin duda la idea de que haya una cantaora en la versión que proponemos. En un ensemble de nuestras características la cantaora, además, susurra o desgarra su voz recreando la idea primigenia del autor de manera inigualable. Escuchar el sonido de lyra, el lavta o las percusiones persas… creemos que nada choca con lo que Falla trató de reflejar en varios momentos de su partitura, todo lo contrario, resalta el mensaje exotismo al que el autor trató de aludir en su partitura original.

Las obras que se recogen en este trabajo se acercan a la tradición absorbiendo su singularidad desde la admiración, valorando el deje que ha impregnado el ser humano en el mensaje musical desde antaño, poniendo en relieve la genialidad de los autores de épocas pasadas; su planteamiento estructural, su arte en el desarrollo temático y su sensibilidad para después, embriagadas de aroma popular, alzar su propio canto. En cierta medida eso es lo que Falla, Rodrigo o Tárrega propusieron y de manera magistral realizaron.